A través del tiempo, de la historia, de la vida, viaja una gran cantidad de dimes y diretes sobre lo que ocurre después de la muerte. Todas estas cosas sin comprobar, llenan en cierta manera una parte de los pensamientos de los vivos. Algunas veces para tranquilizarse, otras veces para vivir atormentados, pero ciertamente esto evita que pienses totalmente en lo que tienes en vida. En tu presente inmediato.
Para otras personas la pérdida de un ser querido, puede ser pieza clave para lograr madurez, para detenerse a analizar las cosas que se están viviendo. Para no cometer los errores que tal vez llevaron a la muerte a nuestra persona cercana. Por otro lado, la depresión que emana de este tipo de situaciones fúnebres, es alimentada por los recuerdos y hasta por los remordimientos que se tienen. El hecho de absorver cierta responsabilidad de la muerte, sin que esta necesariamente sea efectiva, es un punto importante cuando notamos que a alguien le pesa más que a nosostros mismos la pérdida.
Lo más sensato en esos casos, es acudir con un especialista en la materia. Un Tanatólogo. Si bien la gente en México aún no tiene programado en su cultura acudir con determinados especialistas, es necesario que alguien ajeno a la pena, conduzca a quien necesite este tipo de atenciones.
Sobre todo piensen. Cada uno sabe lo que siente y necesita tanto ayuda moral como ayuda profesional.
Recuerden, cuando no te toca, aunque te pongas y cuando te toca, aunque te quites.
GerardPB
www.myspace.com/gerardpb
www.gerardpbdms.com.mx
lunes, 1 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)