Recientemente acudí a la fiesta de graduación de una de mis mejores amigas, quien egresó al igual que yo, de la Lic. en Ciencias de la Comunicación. Hubo varios detalles a lo largo del festejo que me pusieron a reflexionar sobre una inevitable realidad que vivimos desde siempre. El desempleo.
En la clásica misa de acción de gracias, el sacerdote hablaba de que los jóvenes egresados tenían que luchar y aprovechar los conocimientos adquiridos y no pensar que el mundo laboral se basa en tener palancas y ese tipo de ayudas, porque siempre el conocimiento sería el importante. Me parece que el sacerdote se ha visto beneficiado por el manto de la institución del vaticano, porque afuera la realidad es otra.
Algunas personas han satanizado la palabra “palancas” dentro del ambiente laboral, sintiendo que esto es una injusticia para los que se desviven preparándose y pocas veces obtienen un empleo digno de sus conocimientos o económicamente bien remunerado. Desde mi punto de vista, contar con las suficientes relaciones públicas que te permitan escalar dentro de tu ámbito laboral es parte del proceso de crecimiento. Tal vez obtener esas “palancas” te costó toda una vida y no las vas a desperdiciar a pesar de que te tachen de “protegido”. Aunque en algunos casos me opongo a la recomendación del “hijo de tal por cual” que no luchó por obtener la ayuda, pero se la regalan por intereses ajenos al desarrollo de esa persona. Es aquí donde hay que saber dividir cuando son acuerdos imparciales y cuando tu lista de contactos es el resultado de un esfuerzo. Y ¿qué pasa después de ser recomendado? Pues muy fácil: El que se esforzó y se ganó la recomendación, hace su mejor intento por seguir creciendo. Por aprovechar esa oportunidad. Caso contrario a quien por influencias adquiere un puesto y no lo valora, a veces lo utiliza para fines ajenos a los que está destinado y una serie de cuestiones de las que por el compromiso económico, político o social (me refiero a quedar bien por negocios, quedar bien con un funcionario público o simplemente con la familia de clase acomodada) se hacen de la vista gorda ante estas situaciones de ineptitud. También dicho sacerdote dijo algo que me pareció muy extraño. Por un momento sentí que en el púlpito estaba uno de esos muchachos que trabajan en el departamento de promoción de UNITEC, puesto que recomendaba con un tono de vendedor “Tienen que seguirse preparando, tomen los seminarios que están dando y sigan con sus especialidades y sus maestrías…” Tal vez sólo yo lo asocié de tal manera y se quedará en una simple y vana opinión, pero de lo contrario que bajo cae no la iglesia y su representante, la Universidad por pedir que hiciera eso.
La misa finalmente terminó en aquella construcción con toques góticos y vitrales hermosos. Estatuas de ángeles guerreros muy bien hechas (no soy creyente, pero reconozco el talento humano que diseñó y construyó el centro de perdición… perdón, el templo de oración). Ya en el lugar donde se llevaría a cabo “la pachanga”, tras entregar los diplomas (vaya manera de elevar el ego y gastar papel) una de las docentes dirigió unas palabras que me parecieron un poco mediocres. Por tal motivo no las recuerdo y no creo que sea necesario incluirlas.
Después del jolgorio y un video “hecho con las patas” proyectado durante la cena, en la recta final a los ‘graduados’ les dieron unas playeras cuya leyenda en la parte frontal decía “Por fin graduados” y en la parte trasera “Desempleados 2004-2008″. Haciendo un breve acotamiento, yo no hice ni me metí en estos asuntos de fiestas de graduación porque se me hacen un gasto inútil que se puede invertir en la titulación. Incluso ya con mi título en la mano, prefiero festejar en privado con quienes en realidad fueron participes de tal logro. Mis padres y mi amigo Juan José. Regresando a la playera, se me hace una broma de muy mal gusto que tal vez fue tomada como un chiste por quienes la portaban. Esto me hace reflexionar lo siguiente: ¿Cuántas universidades en realidad te enseñan saber valorar y vender tu trabajo? Prácticamente se la pasan dotándote de conocimientos lejanos a la praxis y elevan tu ego haciéndote pensar que los apuntes y lecturas de 4 años, te darán las llaves del mundo laboral. Sales a buscar empleo y cuando te preguntan “¿Cuáles son sus ambiciones económicas?” Pocos saben cuánto vale lo que hacen. Y es aquí donde empieza la generación de empleos mal remunerados, la frustración del egresado por no obtener ingresos suficientes y una cadena de factores que afectan de manera negativa a quien pensó que una cédula le iba a dar en automático un trabajo.
Sumándole una serie de problemas dentro de las empresas y su área de recursos humanos, la ineptitud del gobierno local y federal, los mitos y costumbres de “agachonería” y “malinchismo” que, a pesar de todo, vienen golpeando al mexicano desde hace dos siglos y la mala orientación vocacional, entre muchas otras cosas son hoy un tema muy delicado que se debería plantear, no para echar en cara culpas, sino para promover soluciones. Y lo más importante APLICAR LAS SOLUCIONES de manera inmediata.